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Entre Muros y Sombras Tulancingo: cuando las alertas ya no pueden ocultarse

Algo grave ocurre al interior del Centro de Reinserción Social de Tulancingo y las autoridades parecen empeñadas en actuar como si nada sucediera.

La semana pasada, un interno identificado como Samuel, de 43 años de edad, fue trasladado de emergencia a un hospital tras sufrir una presunta sobredosis.

La situación habría sido tan delicada que los médicos tuvieron que intubarlo para salvarle la vida. Afortunadamente logró sobrevivir, pero el hecho deja más preguntas que respuestas.

La principal es una que desde hace tiempo ronda entre familiares de los internos y la propia opinión pública: ¿cómo llegan las drogas al interior de un penal estatal?

Y junto con esa interrogante surge otra igual de incómoda: ¿quién está fallando en los filtros de seguridad para que sustancias prohibidas circulen dentro de una institución que se supone está bajo vigilancia permanente?

Los señalamientos vuelven a colocar bajo los reflectores a la directora del centro penitenciario, Silvia Guerrero Caballero, cuya gestión ha estado marcada por diversos episodios que han generado preocupación dentro y fuera del reclusorio.

Los graves sucesos acumulados durante los últimos meses han provocado que la confianza en la administración penitenciaria se encuentre cada vez más deteriorada.

Familiares de personas privadas de la libertad afirman que la reinserción social parece haber quedado relegada a un segundo plano.

Aseguran que son escasas las actividades que verdaderamente contribuyen a la capacitación, educación o desarrollo de los internos, mientras que los conflictos entre grupos al interior continúan siendo motivo de preocupación constante.

La realidad es que un penal no debe convertirse en un espacio donde prevalezcan las disputas de control o donde circulen sustancias prohibidas.

Su función es garantizar seguridad, orden y procesos efectivos de reinserción para quienes eventualmente regresarán a la sociedad.

Resulta inevitable preguntarse qué evaluación realizan los altos mandos de la Secretaría de Seguridad Pública sobre lo que sucede en Tulancingo.

Porque si los incidentes continúan apareciendo una y otra vez, la ciudadanía tiene derecho a conocer cuáles son las medidas correctivas que se están implementando y cuáles han sido los resultados obtenidos.

Nadie puede ser señalado sin pruebas y corresponde exclusivamente a las autoridades competentes deslindar responsabilidades.

Sin embargo, lo que tampoco puede negarse es que los acontecimientos recientes reflejan un problema que exige atención inmediata.

Cuando un interno termina hospitalizado por una presunta sobredosis dentro de un centro penitenciario, el debate deja de ser administrativo para convertirse en un asunto de seguridad pública.

Y cuando las preguntas se acumulan sin respuestas claras, la permanencia de los responsables en sus cargos inevitablemente entra en la discusión pública.

En Tulancingo, los muros del penal siguen guardando demasiados secretos.

El problema es que cada nuevo incidente hace más difícil ocultar las grietas de un sistema que parece estar enviando señales de alarma desde hace tiempo