La muerte de una mujer atropellada por una patrulla de la Secretaría de Seguridad Pública y Tránsito Municipal ha sacudido a la población y generado fuertes cuestionamientos contra las autoridades municipales, no sólo por el fatal accidente, también por el hermetismo que rodeó el caso durante varias horas.
Los hechos ocurrieron alrededor de las 13:12 horas del domingo sobre la calle Centenario Norte, esquina con 5 de Mayo, en pleno centro del municipio.
Una unidad oficial Ford F-150 de la corporación municipal atropelló a Graciela “N”, quien sufrió graves lesiones y posteriormente falleció mientras recibía atención médica.
La tragedia provocó consternación entre vecinos y comerciantes de la zona, quienes observaron la movilización de cuerpos de emergencia y policías tras el percance. Sin embargo, mientras la noticia comenzaba a circular entre la ciudadanía, el silencio de las autoridades municipales llamó poderosamente la atención.
El conductor de la patrulla, identificado con las iniciales F. F. A. C., de 43 años de edad, fue detenido y puesto a disposición de las autoridades correspondientes para determinar su responsabilidad en los hechos.
No obstante, la indignación ciudadana fue más allá del accidente. Diversas fuentes señalaron de manera extraoficial que presuntamente existieron intentos de mantener bajo reserva la información relacionada con el caso, situación que ha provocado cuestionamientos sobre la transparencia con la que actuó el gobierno municipal ante una tragedia que involucró directamente a una unidad oficial.
La ausencia de información pública durante horas alimentó rumores y versiones encontradas, mientras familiares, vecinos y ciudadanos exigían conocer qué ocurrió realmente y bajo qué circunstancias una patrulla municipal terminó involucrada en un hecho tan lamentable.
El alcalde Miguel González Bautista y el director de Seguridad Pública Municipal, Abelardo Badillo Hernández, en un principio, mantuvieron silencio.
La falta de una postura oficial ha sido interpretada por diversos sectores de la población como una muestra de insensibilidad ante una tragedia que cobró la vida de una mujer y que hoy mantiene bajo escrutinio a la administración municipal.
Mientras la carpeta de investigación sigue su curso, la ciudadanía exige respuestas claras, transparencia y el esclarecimiento total de los hechos.
Porque cuando una vida se pierde en un incidente protagonizado por una unidad policial, el silencio institucional no hace más que profundizar las dudas y aumentar la indignación social.








